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sitios arqueológicos



El magnífico Nilo no sólo fue venerado por la antigua civilización egipcia como fuente de vida, ya que cada año sus inundaciones fertilizaban las orillas convirtiendo el árido desierto en auténticos vergeles, sino que representó en la antigüedad una vía de comunicación y transporte de vital relevancia.

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Su nombre era Menkaura, pero el escritor griego Heródoto lo tradujo como Mikerinos (Micerinos en español). Fue faraón de la IV Dinastía del Antiguo Egipto, hijo de Kefrén y nieto de Keops, la historia lo recuerda como un buen soberano que restableció el culto a algunos dioses prohibidos por reyes anteriores, pero con una vida promiscua en palacio donde no faltaban los festines y la lujuria.

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Merenptah fue el decimotercer hijo de Ramsés II y sucesor al trono de Egipto tras la muerte de sus hermanos mayores. Se casó con su hermana y con sus sobrina, y fue padre de Sethy II, Jaemuaset, Merenptah y Naneferkaptah, príncipes del imperio. Cuando ascendió al trono tenía alrededor de 60 años y su gobierno se caracterizó por la inestabilidad social, política y económica y las crecientes disputas internas por el poder.

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Capital del Antiguo Egipto era el centro administrativo y la ciudad de mayor auge, llegó a tener más de 650.000 habitantes. Homero la llamó “la ciudad de las cien puertas” por las muchas puertas abiertas en sus murallas, renombrada por sus  palacios  y  edificios religiosos que son los mas antiguos del mundo.

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Karnak, el que fuera durante siglos el centro religioso de mayor influencia de todo el imperio, es hoy uno de los atractivos turísticos más visitados por quienes llegan al país de las pirámides. Parte integrante del conjunto denominado Antigua Tebas y sus Necrópolis, ha sido declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por UNESCO, debido a su incalculable valor histórico.

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