Kom Ombo, la ciudad de oro

165 kilómetros separan a Kom Ombo de Luxor. Sobre la margen oriental del Río Nilo se encuentra esta ciudad que alberga más de 50,000 almas y cuya historia se remonta a los inicios del antiguo imperio egipcio. Su posición privilegiada en el nudo de las rutas comerciales que unían al imperio, le permitió a Kom Ombo (antiguamente llamada Nubt: "ciudad de oro") desarrollar un papel de vital importancia en el trasiego cultural de aquellos tiempos.
Miles de visitantes llegan hasta esta región de Egipto para deslumbrarse con los dos templos que aún sobreviven al paso del tiempo y que constituyen auténticas joyas arquitectónicas y arqueológicas, testigos mudos de una época de esplendor faraónico.
Estos monumentos fascinantes son los templos construidos en honor a Haroeris y a la diosa Isis con exquisitos detalles de ornamentación que sorprenden al viajero pues en muchos de sus muros aún se conservan los colores originales de la milenaria decoración.
El mayor de estos templos, el de Haroeris (conocido también como Templo de Sobek, el dios cocodrilo) impone su presencia a la vera del Nilo, rescatado de las arenas de los siglos en 1893 por el arqueólogo Jacques de Morgan. Cien años completos demandó su construcción iniciada por Ptolomeo VI y finalizado por Ptolomeo XII, una centuria después.
En los alrededores del puerto coloridos puestos de ventas se disputan a los viajeros que llegan y salen de la ciudad. No es recomendable adentrarse en la ciudad propiamente dicha de Kom Ombo sin un guía y mucho menos si no es en grupo, ya que los vendedores ambulantes se agolpan alrededor de los turistas haciendo prácticamente imposible recorrer la ciudad. Como en cualquier destino, es fundamental tomar recaudos por la seguridad personal y de los bienes que uno lleva consigo.